El origen de la curiosidad y el intento de explicar lo curioso

alex_grey_wonder

Desde la existencia de las antiguas sociedades humanas es más que conocido el desarrollo de una cosmovisión individual y/o colectiva, la cual, a lo largo de la historia, se ha mantenido en el tiempo y ha ido mutando con la fusión cultural. La necesidad de crear una cosmovisión, que es, en términos prácticos, una manera de interpretar el mundo, tiene su origen en las profundidades del razonamiento humano. Según ciertas evidencias, se ha llegado al acuerdo de que hubo un momento en la evolución humana, en el cual, el hombre fue capaz de desarrollar el fenómeno del lenguaje proporcionándole una especie de prótesis a través de la cual fue capaz de interactuar con lo existente ya no de forma puramente instintiva, sino que como una herramienta de supervivencia superior a las que este ya poseía. El lenguaje se manifiesta con una necesidad cerebral de llenar los espacios vacíos, incrementa la cantidad de relaciones que se pueden lograr entre diversos objetos y, finalmente, conceptos. Los conceptos nacen del lenguaje y de los conceptos nace la cosmovisión. Esta última, es la plena manifestación de una explicación de la realidad que nos rodea, una explicación que busca satisfacer nuestra curiosidad intrínseca. En resumidas cuentas, el desarrollo cognitivo del hombre, lo lleva naturalmente a generar nuevos conceptos y estrategias que satisfacen su necesidad de explicar el mundo. Ahora, junto con ello, también se manifiesta el maravillamiento sensible de la propia realidad. Yo, personalmente, creo que una cosa no pudo existir sin la otra, pues en el sobrevivir aparecieron amenazas que produjeron cuestionamiento, del cuestionamiento nació el descubrimiento, del descubrimiento, la satisfacción y, finalmente, la aplicación de ese descubrimiento que produjo satisfacción, que a su vez trae más satisfacción. Los hombres que descubrieron el fuego, finalmente terminaron aprendiendo a cocinar sus alimentos, a sobrevivir a bajas temperaturas, entre otras cosas, y obtuvieron satisfacción. La satisfacción de descubrir abre la puerta de la expresión y en la expresión encontramos la creación. El ser humano comenzó a crear instrumentos de cacería, cambió su alimentación, generó tecnologías, relatos, canciones, dibujos, lenguaje escrito, bailes, los cuales reforzaban la satisfacción del descubrir y eran en sí mismas un descubrimiento que se retroalimentaba en en el desarrollo de la propia comprensión del mundo, haciéndola un poco más tangible. Todo lo descubierto tiene una potencialidad creativa que busca ser expresada, lo descubierto busca ser puesto en práctica, ser compartido, ser usado como un medio hacia la explicación, hacia otro descubrimiento que nos otorgará la máxima satisfacción: sentir armonía con la naturaleza, con la existencia que algunos llaman felicidad. Este desarrollo cognitivo acelerado que experimentó la evolución humana, nos lleva a ponerle nombre a dos conceptos que se originaron de forma homóloga, pero que por alguna razón, tal vez distorsionada por culpa del patriarcado diría yo, fueron apartados y puestos en contra: la ciencia y el arte. Me tomo la libertad de redefinirlos como conceptos especulares, donde la ciencia es la búsqueda de una explicación a través de la generación de conocimiento y el arte es la búsqueda de la conexión viva con esa explicación que buscamos, no son opuestos, son complementarios y se necesitan mutuamente.